¿De qué hablamos cuando decimos Bienestar Financiero?

En las últimas dos décadas hemos utilizado cualquier cantidad de términos para referirnos a la promesa y la teoría que hay detrás de la necesidad de que las personas aprendan y se preocupen por mejorar sus finanzas personales: alfabetización financiera, educación financiera, libertad financiera, independencia financiera, bienestar financiero, entre muchos otros. Sin embargo, no existe aún consenso sobre lo que cada uno de estos conceptos significa; por esto, es importante entender de qué hablamos cuando utilizamos uno u otro término y cómo esta definición influye en el discurso y las herramientas que utilizan quienes hacen formación en finanzas personales.

Los primeros, alfabetización financiera y educación financiera, son términos que adquirieron fuerza después de la crisis de 2008 y los utilizan principalmente quienes hacen política pública, en palabras de la OECD, para referirse al proceso por el que las personas mejoran su comprensión de los conceptos, los riesgos y los productos y servicios financieros, y desarrollan las habilidades y la confianza para ser más conscientes de los riesgos financieros y de las oportunidades, y así tomar decisiones financieras informadas para mejorar su bienestar.

Desafortunadamente, este enfoque no ha podido demostrar su impacto en los beneficiarios; en parte, porque está mayormente dirigido a ofrecer información y conocimiento, sin tener claro el mecanismo mediante el que se puede llevarse este conocimiento a la práctica. En los últimos cinco años se ha preferido incluso utilizar términos como capacidades financieras o competencias financieras para hacer énfasis en que es necesario impactar también las actitudes y comportamientos de quienes acceden a este tipo de formación.

Mientras los conceptos de alfabetización, educación, capacidades o competencias han mostrado ser poco atractivos para el público general y, generalmente, se quedan en las decisiones y programas de política pública, otro concepto ha capturado la atención de millones de personas a través de redes sociales: la promesa de la libertad financiera.

El concepto de libertad financiera que más atención ha capturado es el utilizado por cientos de motivadores, facilitadores, blogueros, periodistas, vendedores y entrenadores, para referirse a una o varias de las siguientes promesas (entre otras):

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“Haz que el dinero trabaje para ti, no tú par el dinero.”

“Ser empleado es trabajar para cumplir los sueños de otro, debes ser tu propio jefe.””Tu mayor meta debe ser generar un ingreso pasivo que te permita dejar de depender de tu trabajo para vivir.””Hay dos clases de personas en el mundo: quienes piensan como ricos y quienes piensan como pobres.””Si imitas los hábitos de los millonarios lograrás ser como ellos.””El éxito se mide por la cantidad de dinero o de activos que logres tener.”

Ser empleado es trabajar para cumplir los sueños de otro, debes ser tu propio jefe.”Tu mayor meta debe ser generar un ingreso pasivo que te permita dejar de depender de tu trabajo para vivir.”Hay dos clases de personas en el mundo: quienes piensan como ricos y quienes piensan como pobres.”Si imitas los hábitos de los millonarios lograrás ser como ellos.”El éxito se mide por la cantidad de dinero o de activos que logres tener.

Contrario a lo que sucede con la alfabetización y educación financiera, la libertad financiera tiene un componente mayormente motivacional y está muy anclada a las metodologías de la industria de la auto-ayuda. Algunos ejemplos de los mensajes de entrenadores en libertad financiera son:

Aunque la industria de la autoayuda lleva años promoviendo este tipo de mensajes y ejercicios –en diferentes campos de aplicación–, existe un buen número de estudios que sugieren que, si bien pueden hacer sentir mejor a sus clientes en el corto plazo, estas técnicas son, en el mejor delos casos, ineficaces y, en el peor, dañinos. En palabras del psicólogo Richard Wiseman, “fantasear sobre el cielo en la tierra puede hacerte sonreír, pero es poco probable que te ayude a transformar tus sueños en realidad”. El principal inconveniente de este enfoque es la falta de indicadores de impacto de sus programas de formación, más allá de la emocionalidad que logran despertar en los participantes de los programas.

Por su parte, en enero de 2015, el Consumer Finance Protection Bureau de Estados Unidos sugirió que, después de casi una década de intentar definir, operacionalizar y medir los resultados de la educación financiera, había un consenso emergente en cuanto que la medida de éxito de la misma debía ser la mejora del bienestar financiero de las personas. Tras una investigación que involucró a la academia, el sector público y el sector privado, concluyeron que, si bien el ingreso o el patrimonio de una persona son importantes, no son suficientes para dar cuenta de su bienestar, dado que los individuos valoran de manera diferente las cosas que son importantes para su vida.

En línea con el CFPB, nosotros creemos que el bienestar financiero es un estado en el que una persona puede cumplir con sus obligaciones financieras presentes y futuras, sentirse segura de su futuro financiero y es capaz de tomar decisiones que le permiten disfrutar de la vida. Este estado implica un componente temporal (presente – futuro) y un componente axiológico (seguridad y libertad) que se puede entender de la siguiente forma:

Igualmente, entendemos que tanto la motivación como los conocimientos son importantes, pero que existen otros factores que terminan por condicionar ampliamente el bienestar financiero de una persona, tales como:

Tal como lo sugerimos en nuestra Guía para elevar el impacto de los programas de bienestar financiero, empezar por tener claro el enfoque desde el que trabaja un proveedor de formación en finanzas personales es fundamental para entender los indicadores de impacto que pueden diseñarse para medir el retorno sobre la inversión en este tipo de aprendizaje. En nuestro caso, esto nos ha permitido desarrollar una aplicación para ayudarles a nuestros clientes a medir su bienestar financiero y darles recomendaciones claras, sencillas y accionables que les permitan mejorar tangiblemente su situación financiera. Si quieres obtener más información sobre la misma puedes contactarnos aquí.

Tal como lo sugerimos en nuestra Guía para elevar el impacto de losprogramas de bienestar financiero,empezar por tener claro el enfoque desde el que trabaja un proveedor deformación en finanzas personales es fundamental para entender los indicadores de impacto que pueden diseñarse para medir el retorno sobre la inversión en este tipo de aprendizaje. En nuestro caso, esto nos ha permitido desarrollar una aplicación para ayudarles a nuestros clientes a medir su bienestar financiero y darles recomendaciones claras, sencillas y accionables que les permitan mejorar tangiblemente su situación financiera. Si quieres obtener más información sobrela misma puedes contactarnos aquí. Igualmente, entendemos que tanto la motivacióncomo los conocimientos son importantes, pero que existen otros factores que terminan por condicionar ampliamente el bienestar financiero de una persona, tales como:En línea con el CFPB, nosotros creemos que el bienestar financiero es un estado en el que una persona puede cumplir con sus obligaciones financieras presentes y futuras, sentirse segura de sufuturo financiero y es capaz de tomar decisiones que le permiten disfrutar dela vida. Este estado implica un componente temporal (presente – futuro) y un componente axiológico (seguridad y libertad) que se puede entender de la siguiente forma:Por su parte, en enero de 2015, el Consumer Finance Protection Bureau deEstados Unidos sugirió que, después de casi una década de intentar definir, operacionalizar y medir los resultados de la educación financiera, había unconsenso emergente en cuanto que la medida de éxito de la misma debía ser la mejora del bienestar financiero de las personas. Tras una investigación que involucró a la academia, elsector público y el sector privado, concluyeron que, si bien el ingreso o el patrimonio de una persona son importantes, no son suficientes para dar cuentade su bienestar, dado que los individuos valoran de manera diferente las cosas que son importantes para su vida.Aunque la industria de la autoayuda lleva añospromoviendo este tipo de mensajes y ejercicios –en diferentes campos de aplicación–, existe un buen número de estudiosque sugieren que, si bien pueden hacer sentir mejor a sus clientes en el corto plazo, estas técnicas son, en el mejor delos casos, ineficaces y, en el peor, dañinos. En palabras del psicólogo Richard Wiseman, “fantasear sobre el cielo en la tierra puede hacerte sonreír, pero espoco probable que te ayude a transformar tus sueños en realidad”. El principal inconveniente de este enfoque es la falta de indicadores de impacto de susprogramas de formación, más allá de la emocionalidad que logran despertar en los participantes de los programas.Contrario a lo que sucede con la alfabetización y educación financiera, la libertadfinanciera tiene un componente mayormente motivacional y está muy anclada alas metodologías de la industria de la auto-ayuda.Algunos ejemplos de los mensajes de entrenadores en libertad financiera son:El concepto de libertad financiera que más atención ha capturado es el utilizadopor cientos de motivadores, facilitadores, blogueros, periodistas, vendedores yentrenadores, para referirse a una o varias de las siguientes promesas (entreotras):Mientras los conceptos de alfabetización, educación,capacidades o competencias han mostrado ser poco atractivos para el públicogeneral y, generalmente, se quedan en las decisiones y programas de políticapública, otro concepto ha capturado la atención de millones de personas através de redes sociales: la promesa de la libertadfinanciera.Desafortunadamente, este enfoque no ha podidodemostrar su impacto en los beneficiarios; en parte, porque está mayormentedirigido a ofrecer información y conocimiento, sin tener claro el mecanismomediante el que se puede llevarse este conocimiento a la práctica. En losúltimos cinco años se ha preferido incluso utilizar términos como capacidades financieras o competencias financieras para hacerénfasis en que es necesario impactar también las actitudes y comportamientos dequienes acceden a este tipo de formación.Los primeros, alfabetización financiera y la educaciónfinanciera, son términos que adquirieron fuerza después de la crisis de2008 y los utilizan principalmente quienes hacen política pública, en palabrasde la OECD, para referirse al proceso por elque las personas mejoran su comprensión de los conceptos, los riesgos y losproductos y servicios financieros, y desarrollan las habilidades y la confianzapara ser más conscientes de los riesgos financieros y de las oportunidades, y asítomar decisiones financieras informadas para mejorar su bienestar.En las últimas dos décadas hemos utilizadocualquier cantidad de términos para referirnos a la promesa y la teoría que haydetrás de la necesidad de que las personas aprendan y se preocupen por mejorarsus finanzas personales: alfabetización financiera, educación financiera,libertad financiera, independencia financiera, bienestar financiero, entremuchos otros. Sin embargo, no existe aún consenso sobre lo que cada uno deestos conceptos significa; por esto, es importante entender de qué hablamoscuando utilizamos uno u otro término y cómo esta definición influye en eldiscurso y las herramientas que utilizan quienes hacen formación en finanzaspersonales.

About the Author

Financial Planner, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de Educación Financiera. Founder & CLO de Tranqui Finanzas, docente e investigador en finanzas personales de la Facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.